//LA ESTRUCTURA DE CAPITAL AUSTRÍACA Y LA MACROECONOMÍA: UNA SIMBIOSIS IMPOSIBLE – Alfredo Marcolin Peringer

LA ESTRUCTURA DE CAPITAL AUSTRÍACA Y LA MACROECONOMÍA: UNA SIMBIOSIS IMPOSIBLE

 

    – Alfredo Marcolin Peringer –   

 

 

  Considero un error metodológico, y un perjuicio al avance del estudio de la ciencia económica, la unión de los principios del mainstream economics (ME) con los de la escuela económica austríaca (EEA), practicado por algunos de sus defensores, dentro del campo de la teoría de capital.[i] Ignoran la dimensión del disparate de sus pretensiones al colocar, en el mismo prisma, conceptos totalmente distintos desde el punto de vista de la ME y de la EEA.

  La diferencia entre ambas escuelas comienza con el propio concepto de equilibrio económico, pero se extienden al del tiempo, del capital, de la inversión, del ahorro, de las tasas de intereses y de la renta. Los ‘austríacos’, para empezar, no trabajan con situaciones de equilibrio, sino con la economía en constante desequilibrio. Ahora son las pérdidas de cosechas, ahora el aumento de la demanda por un determinado producto, ahora una nueva mercancía que surge en el mercado, entre tantos otros desequilibrios económicos. Los empresarios más atentos, que consiguen percibir los desequilibrios antes que los demás, entran comprando, vendiendo, produciendo o invirtiendo. Son acciones movidas por el beneficio, pero que ajustan los desequilibrios. De hecho, mientras más inventiva sea una economía, tenderá a generar más desequilibrios y, consecuentemente, tenderá a propiciar más ganancias para los empresarios más hábiles, sin contar con que la mayor parte de los desajustes están relacionados con la estructura de capital.

  No es casualidad el que la estructura de capital, debido a su complejidad, sea el lugar donde surgen las divergencias más acentuadas entre la ME y la EEA. Mientras para los austríacos el tiempo es una categoría económica, los defensores de la mainstream economics lo ignoran completamente, dando, por eso, una interpretación unidimensional al capital. Encubren sus aspectos multidimensionales, como la dimensión de su estructura, formada por varias etapas de producción, responsables de la fabricación de los bienes intermedios (edificios, máquinas, equipamientos, materias prima, insumos, entre otros) que van a integrar más adelante la fabricación de los bienes de consumo finales.

  Mientras más distante esté cada etapa de producción del consumo, dado por el tiempo que lleva de la fabricación del bien intermedio hasta la venta de los bienes de consumo final, mayor será el interés implícito del negocio. Como la ME no trabaja con una estructura de capital multidimensional, ignora las funciones específicas del tiempo real, de los costes, de los intereses, de los beneficios y riesgos integrados en cada etapa de producción. Si conocieran todo ese intricado proceso, tal vez desistirían de intentar sumar el capital y de presentarlo de forma agregada, en la tentativa de trabajar con un concepto económico – dígase de pasada – estúpido: la media.

  Otra consideración importante dentro de la teoría de capital austríaca es la imposibilidad de separación del concepto de inversión del de ahorro, cosas consideradas distintas por la ME: sus líderes desconocen que la esencia de ambos es la misma. El capital, en su largo trayecto de la fabricación de los bienes intermedios hasta los bienes de consumo finales, genera renta, principalmente salarios, intereses y beneficios. Era eso lo que Jean Baptiste-Say quería decirnos en su célebre frase: “es la oferta la que genera la demanda”. El ahorro es la renta generada y no gastada en bienes de consumo. Al contrario de lo que predica la ME, el ahorro no queda ocioso. Se mantiene dentro del sistema económico, integrado en la estructura de producción intermedia (edificios, máquinas, materias-primas, insumos y en la propia mano de obra de las diversas etapas de producción, así como en la compraventa de bienes de consumo duraderos) o conservada como un poder de compraventa temporal.

  Aunque pueda haber buena intención por parte de los “macroeconomistas mainstream”, las tentativas de agregación de ese complejo sistema no tienen nexo verdaderamente económico. Son elucubraciones tan irreales como la “contabilidad” de los socialistas y estatistas en la elaboración del cálculo económico fuera del mercado, criticada por Ludwig Von Mises, con una analogía de los juegos de guerra, practicados por un niño (ME), y una verdadera guerra, afrontada en campo de batalla por un soldado (EEA). La agregación, de la misma forma, suministra resultados utópicos, irreales, sin validez teórica según los principios de la EEA. Luego, no se trata de “purismo académico”, como alegan los macroeconomistas austríacos, sino una batalla contra algo vacío o con costes mayores que beneficios.

  Friedrich Von Hayek, a propósito, el mayor mentor positivista de la Teoría del Capital Austríaca y de los ciclos económicos, hace una alerta en el Prefacio de su obra “La Teoría Pura del Capital”, al comentar que el intento de sistematización dentro de la teoría de capital abre lagunas que dejan el contenido prácticamente inútil para los análisis complicados. Y los errores se acentúan en los estudios más avanzados de los ciclos económicos. Las agregaciones esconden que los excesos monetarios o crediticios, que llevan a los ‘booms’, afectan a las diversas etapas de producción de manera heterogénea. En los ‘busts’ (recesiones), cuando la actividad económica para recuperarse precisa, antes que nada, de deshacerse de las malas inversiones y empleos, la agregación no resulta únicamente inútil, sino que se vuelve fuertemente nociva, abriendo el espacio para las incursiones de la ME, que cree posible apagar el fuego usando más gasolina (más excesos monetarios).

  Cuando pasamos desde el estudio positivista de la teoría del capital al estudio praxeológico, el error de las agregaciones y de los diagramas sofisticados se agiganta. Ludwig Von Mises, en su obra “La Acción Humana”, comenta que:

La Economía no está, como los ignorantes positivistas repiten a todas horas, atrasada por la falta de medición cuantitativa. Ella no es ‘cuantitativa’ porque no trabaja con datos o variables constantes.

  La agregación obscurece el análisis de las acciones empresariales de los individuos, tomadas generalmente en la búsqueda de la reducción de los costes, de los plazos, de la innovación tecnológica, de los nuevos medios de hacer las elecciones, de la mejora de la calidad de los bienes de capital y del producto final.

  La inutilidad de los resultados de las agregaciones dentro de la teoría de capital y de los ciclos económicos destaca cuando se analiza paso a paso las acciones de los individuos. El mayor coste de las agregaciones, como se puede observar, recae en el aprendizaje económico. Los fundamentos praxeológicos dieron fuerza científica al estudio de la economía y de las demás ciencias sociales. Cualquier intento que venga a enflaquecer o entorpecer el análisis del enmarañado social y económico dentro del campo de la acción humana y de su categoría universal, en el tiempo y en el espacio, debe ser suprimido bajo cualquier pretexto.

[i] Roger W. Garrisson, “Time and Money: The Macroeconomics of Capital Structure”.

 

 

2017-12-11T23:01:04+00:00

Leave A Comment