MÚSICA PARA TIRANOS

  Puede que llegue un día en el que regreses a tu casa iluminado por la sabiduría que contienen las inmortales palabras del señor Burns: “desde el principio de los tiempos el hombre ha anhelado destruir el Sol”.

  Seguramente entenderás que el Sol es, en este caso, una metáfora que representa un objetivo elevado y noble, un plan sublime y ambicioso, unas aspiraciones celestiales. No es imprescindible destruir el Sol, puedes destruir cualquier otra cosa. Entonces, como persona sensata que eres, decidirás convertirte en un tirano.

  Como es probable que no te haya mordido una anguila mutante o un camaleón radioactivo seguramente no tendrás superpoderes. No te preocupes por este hecho circunstancial: Lex Luthor, Pol Pot y Stalin tampoco los tenían y llegaron muy lejos. Lo único que necesitas es creer en ti mismo y empezar a urdir tus planes. Pero este es un proceso delicado y los primeros pasos son cruciales para garantizar el éxito.

  ¿Cuál es la resolución más importante que debes adoptar en la incertidumbre y la zozobra de esos momentos iniciales? ¿Debes diseñar tu uniforme, reclutar sicarios, enriquecer uranio, comprar un gato persa…? Todas esas son decisiones importantes, sin duda. Pero, si quieres hacer las cosas con seriedad y disciplina, tu primer paso debería ser seleccionar con cuidado la música que vas a escuchar. Este es el elemento clave que va a definir tu carrera criminal.

  Como dijo Schopenhauer la música es “la expresión directa de la voluntad misma; lo cual explica su acción directa sobre la voluntad, es decir sobre los sentimientos, las pasiones y las emociones del oyente, de modo que rápidamente los exalta o los modifica.” Por lo tanto la música, como motor de la voluntad, contribuye de manera esencial a la formación del carácter y a la consecución de las aspiraciones y los objetivos.

  El primer error que debes evitar es escoger una obra refinada y sutil en exceso, como las Variaciones Goldberg de Johan Sebastian Bach. Una elección así reduciría fatalmente tus posibilidades y te limitaría a desplegar una apacible carrera de psicópata intimista, como Hannibal Lecter. Cierto es que podrías dar rienda suelta a las más sutiles inclinaciones de tu naturaleza sibarita y hacer alardes de erudición y talento. Pero toda esta parafernalia pretenciosa, con citas de Marco Aurelio y catálogo de vinos, encubre en el fondo una deplorable falta de ambición. ¿Por qué limitarte a comer una persona cuando puedes alimentarte de todo un pueblo?

  Para evitar este error necesitamos una música más expansiva que nos ayude a soportar las obligaciones y las cargas de una intensa vida pública y despierte nuestras ambiciones. Por eso debemos comenzar con la pretensión más elemental de todo buen aspirante a tirano: la conquista, la invasión, la expansión territorial…

  Hay opiniones que mantienen que cierta música germánica del periodo romántico es la más adecuada para este tipo de proyectos. Como decía Woody Allen: “Cada vez que escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia”. Esta es una opinión que tiene sus méritos. Puede uno yacer indolente en la cama contemplando con atención las sutiles variaciones en la pintura del techo de su habitación que, si escucha los primeros compases de La cabalgata de las Valkirias, abandonará por completo su desidia y saldrá a la calle buscando poblados desprevenidos que bombardear mientras recita discursos sobre el olor del napalm por la mañana.

  Sin embargo, a pesar de todos sus méritos, Wagner es muy poco ambicioso. Puede moverte a conquistar países pero no existe país que no tenga por encima las estrellas. La Marcha Imperial de John Williams es, por eso, muy superior, porque te mueve a conquistar galaxias. Gracias a la influencia de esta música sublime Darth Vader pudo por fin abandonar los consejos de Yoda y de Paulo Coelho y adquirió una seguridad en sí mismo que deja en ridículo a la de los más exaltados genocidas. Recordemos las palabras que dedica al funcionario responsable de la Estrella de la Muerte: “No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza.” Así habla un macho alfa y lo demás son tonterías.

  Una música con esta capacidad de motivación te ayudará a enfrentarte a los numerosos desafíos que afrontarás en tus proyectos de conquista. Su principal mérito es que te ayuda a apuntar alto, que es como se construyen los Estados. Quizá no consigas conquistar toda la galaxia pero, si te entregas a la tarea con entusiasmo, seguro que acabarás teniendo el monopolio de las armas, el control total de la oferta monetaria y una selección nacional de waterpolo.

  Pero además de la motivación propia hay que cuidar también el mensaje que se envía a los adversarios y enemigos, pues uno encontrará muchos en su camino mientras va perfeccionando sus habilidades y ascendiendo en la jerarquía de la infamia.

  Hay un tipo de canciones que posee la ventaja añadida de persuadir a los competidores de la futilidad de la resistencia. Así se contribuye a desplegar la mayor de las virtudes que posee un general, según El Arte de la Guerra de Sun Zi, y que consiste en la habilidad de ganar conflictos sin tener necesidad de entrar en batalla. Por supuesto para poder llegar a este nivel superior hay que ganarse antes una reputación sanguinaria; por ejemplo a través del exterminio sistemático de una familia rival que provea de material a juglares y trovadores para la composición de una hermosa balada. Esto es lo que pasa con Las lluvias de Castamere, el himno no oficial de la familia Lannister, que es una especie de música de Enya para psicópatas y una opción excelente para amenizar bodas y banquetes.

  Sería arduo continuar con los ejemplos. Las opciones que tienes ante ti son numerosas y variadas pero una cosa es segura: la música se convertirá en la síntesis sonora que resumirá las aspiraciones de tu alma. Así que piénsalo bien y decide sabiamente: ¿Cuál va a ser la canción que te definirá como tirano?

2017-06-22T20:12:17+00:00

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